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Los jesuitas llegaron a Buenos Aires en el año 1600 y se instalaron en la hoy Plaza de Mayo donde se encuentra el Monumento a Belgrano, hasta el frente del Banco de la Nación.
Con posteridad, en el año 1661, debieron abandonar el lugar y se les entregó el solar delineado por las calle Alsina, Bolívar, Perú y Moreno, donde construyeron su Escuela y su Iglesia.

Durante el reinado de Carlos III, la importancia que iba adquiriendo la Compañía de Jesús en toda España, se estaba tornando peligrosa, puesto que poco a poco, se iba convirtiendo en una fuerte entidad política.
De esta manera, e imitando lo ya resuelto por igual causa en Francia y Portugal, el 27 de febrero de 1767, Carlos III dispuso la expulsión de los jesuitas de España y de todos los lugares de Europa y América. Sus bienes fueron administrados por una junta que se llamó: "La Junta de Temporalidades".

En Buenos Aires el Gobernador Buscarelli junto al visitador Español cumplió esa orden y fueron desafectados de sus cargos. La expulsión causó estupor en las familias criollas y la sociedad toda.

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